Mi pasado está intacto. Mi pasado es una gran ciudad arrasada por pesadillas y tempestades. Nunca transitó un solo turista ni investigador. Soy el único interesado. Observo detenidamente las pequeñas casuchas, los grandes templos, los inmensos barrios con una sola puerta. Me agacho para recoger pedazos de cerámica. No revelan coherencia ni ningún nivel de organización. Nada complejo. Habría que concentrarse demasiado para hallar un lenguaje auténtico. Manos a la obra ¿por dónde comenzó Dios a modelar su hombre de barro?
Escribo esto en nuestros últimos días de Valle. Valle se llama nuestra casa porque está en la calle de ese nombre. Del mismo modo bautizaron una carnicería, una confitería y una clínica de muñecas. ¿Quiénes arreglan sus muñecas hoy en día? me pregunto, y segundos más tarde me recuerdo de niño buscándoles la chichita por debajo del vestido…



