Horas más tarde estoy en el Mercado de las Flores.
En otra época hubiera dado mi vida por una rosa azul.
Ahora observo las flores apiladas, atadas por el tallo.
Belleza arrancada, belleza cultivada para marchitarse.
Japoneses exhibiendo sus orquídeas experimentales.
Floristas con las manos llenas de cicatrices de las espinas de las rosas. Naturaleza muerta, bien muerta, exhibiéndose.
Changarines arrastrando canastos entre la multitud.
El color te desborda los ojos.
Nieve de isofilia. Manchas rococó. Flores teñidas. Plantas sin raíz.
La droga del saptifilium.
Y a la hora que los diarios nacen, cuando mi garganta ya no es tierra ni ripio sino que está pavimentada, voy paseando por Palermo sensible ¡Palermo sensible! ¡un nombre que me estremece!
Un tipo me pide fuego y me acaricia la mano cuando le paso el encendedor. Otro me pide monedas dos veces en el lapso de una cuadra.
Orgulloso me muestra su tatuaje en el paladar y también me cuenta que una araña le picó el ojo mientras dormitaba contra un farol
Mas allá, aguarda un loco con un hacha.
El depravado observa jovencitas por encima de sus hombros.
Una pareja saca a pasear su aburrimiento como a un perro ciego por la plazoleta Monte Ararat que sería el último sitio donde estacionaría mi arca.
En la esquina una chica casi me atropella si no fuera porque me frené como quien se asoma.
Ella sigue andando sin disculparse.
Camina rapaz como un buscapié.
Su pelo es hermoso. Enrulado. Largo.
Pienso que podría usarlo de bufanda o de papel higiénico.
Un astrónomo levanta sus brazos y trata de tocar el cielo con las manos.
El horóscopo dice que tengo que estar inspirado, que tengo dos muelas menos y ya fumé el cigarrillo que me sembró cáncer.
Sin embargo, cuanto más profundo respiro más dentro de mí penetro.
Y estoy de cabeza al espacio ¡todos estamos de cabeza al espacio!
A medida que el planeta gira las mentes comienzan a marearse como un ventilador.
Todo se mueve como un calidoscopio manipulado con la muñeca partida de una camarera que sirve sus copas de ponzoña. La noche crece como barba de verdín, pegajosa como seda agusanada.
Te bautiza un río de sudor contaminado con nicotina y alimentos desregulados, manchas, hollín, ralladuras, hendiduras, esmerilados.
Dejándote llevar no llegás casi a ningún sitio, girás en una calesita rodeada de paredes como la de Cabrera y Anchorena.
Esta misma mañana dormí catorce horas en la misma posición, sin mover un solo sueño de lugar, y al despertar, lo primero que se me cruzó por la cabeza fue que vivimos en una ciudad que fue abandonada dos veces.
Las viejas construcciones caen unas tras otras.
Los últimos jardines son talados y en su lugar crecen edificios.
Nadie baila tango en plena calle si no es por dinero.
Tampoco vi pintando a nadie en la vereda, mojando su pincel con el agua de las zanjas como aquel pincheta que descubrí haciendo su sopa inyectable con esa agua y en un culo de botella.
La única vez que vi una pintura en la calle había sido tirada a la basura. Estaba junto a una caja de vajilla en la misma cuadra del edificio donde vive Charly García, allí donde los adolescentes hacen guardia mirando hacia el último piso y chillan entusiasmados si el músico se asoma a escupirlos.
Recuerdo que la levanté a pesar de que llovía y que cargarla conmigo me entumecía los dedos. Podía ser una obra o una maestra, pero nunca ambas cosas juntas.
Mi intención era blanquearla para después volverla a pintar.
No me iba a dar ninguna pena hacer eso, parecía el cuadro de un impresionista pasado por un lavarropas.















January 21st, 2010 at 13:21
[New Post] Horas mas tarde – via @twitoaster http://elarcadenoa.com.ar/2010/01/horas-...
via Twitoaster
January 22nd, 2010 at 11:20
=()=
February 25th, 2010 at 20:46
aaaaaa es una película, menos mal que el ocio me hizo pasar por acá
gracias por la belleza ( :